De Dinamarca a Suecia, comienza nuestra ruta

A primera hora de la mañana nos dirigimos hasta la Estación Central de Copenhague donde recogeríamos el coche que nos acompañaría en nuestra ruta. Tanto Dinamarca como Suecia, están muy bien comunicados en cuanto al transporte público se refiere, pero la libertad que da un coche es para nosotros muy importante. Reconozco que somos de los que nos gusta perdernos por carreteras secundarias y descubrir encantadores rincones de los lugares que visitamos, muchas veces, las cosas más bonitas están fuera de los itinerarios marcados en las guías de viaje, aunque eso sí, de vez en cuando también nos perdemos y estamos dando vueltas un buen rato, jejeje, pero es parte de la aventura!!!!
Nuestro primer destino del día es Helsingor, un tranquilo pueblecito del norte de Dinamarca donde se encuentra el famoso Castillo de Kronborg, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y lugar donde se desarrolla Hamlet, la famosa obra de Shakespeare, donde este castillo es denominado «Elsinore»
Aparcamos el coche y caminando nos acercamos hasta el castillo, desde el que además hay unas vistas muy bonitas del estrecho de Oresund.

Antes de dejar Dinamarca, damos un paseo por el centro de Helsingor, con unas callecitas encantadoras por las que merece la pena perderse un rato. Llama la atención que en esta localidad hay un gran número de tiendas de venta de alcohol, sobre todo en las cercanías del puerto. Helsingor se encuentra tan sólo a unos kilómetros de distancia de la vecina Helsinborg, ya en territorio sueco, donde los impuestos por la compra de alcohol son muy, muy elevados. Es por ello que los vecinos suecos cruzan hasta aquí para hacerse con provisiones para su consumo, de hecho, en el propio ferry  que tomaríamos más tarde, había una tienda de venta de alcohol libre de impuestos.

En Helsingor tomamos nuestro primer ferry para cruzar el estrecho de Oresund y llegar hasta la cercana Helsinborg, ya en territorio sueco.  La verdad es que es comodísimo utilizar los ferrys, sacas tu ticket, entras con tu coche, lo aparcas y te subes a la cubierta del barco a disfrutar del viaje. 

Ya en Helsinborg, sacamos nuestro coche del ferry y buscamos un aparcamiento cerca del centro. Helsinborg. El centro de esta localidad es donde se concentran la mayor parte de los puntos de interés de la misma. La Plaza Stortorget se encuentra muy cerca del puerto, y en ella destaca su impresionante edificio del ayuntamiento de estilo neogótico construido en el s. XIX en ladrillo rojo. 
Al final de la Plaza, enseguida nos encontramos con unas escaleras que terminan en unas torres con arcos, se trata de Terrasen, una construcción que da acceso a un parque y a la Torre de Kärnan, que es lo único que queda de lo que fue el castillo de la localidad, cuando todavía Helsinborg pertenecía al reino de Dinamarca. Cuando volvió a ser territorio sueco, allá por el siglo XVII, el rey de Suecia ordenó que se derrribase el castillo y que sólo quedase en pie la Torre. 
Desde esta construcción hay unas vistas muy bonitas, no sólo de parte de la ciudad, si no también del estrecho de Oresund.

 Antes de marcharnos de Helsinborg, aprovechamos para comer en uno de sus restaurantes del centro. Hacía buen día a pesar del fresquito, así que buscamos un lugar al sol y allí nos sentamos a degustar nuestros platos.
Después de comer continuamos con nuestra ruta y nos vamos hasta el Castillo de Tjolöholms, un nombre de los imposibles de pronunciar vamos, un Palacio de estilo inglés construido entre 1898 y 1904. Además del impresionante edificio, merece la pena disfrutar de los alrededores. Hay visitas guiadas al castillo, pero nosotros no visitamos su interior, únicamente lo vimos por fuera y disfrutamos durante un rato de sus cuidados jardines. 

En el desvío de la carretera que lleva hasta el castillo, encontramos este «monumento» hecho con paja y manzanas, donde se anunciaba una fiesta de otoño en el propio castillo.

Teníamos que llegar hasta la ciudad de Gotemburgo donde teníamos nuestro alojamiento, así que sin perder más tiempo continuamos nuestro camino. A última hora de la tarde llegamos a esta ciudad, la segunda más importante de Suecia tras Estocolmo. Una ciudad tranquila donde aún circulan tranvías, una ciudad de canales, parques y antiguos barrios con rincones encantadores.
Nuestro alojamiento era el céntrico hotel Royal, a un paso de las principales atracciones de la ciudad que visitaríamos ya el día siguiente. 
Tras un merecido descanso, desayunamos en el propio hotel y nos disponemos a conocer la ciudad de Gotemburgo.

Una de las cosas que merece la pena visitar de Gotemburgo es su jardín botánico, el más grande y probablemente el más bonito de todo el país. En su interior hay un gran número de especies de muchos lugares del mundo, yo destaco el recinto dedicado a las rosas, con flores de diferentes colores y tamaños, una delicia para cualquier visitante.

Otra de las cosas imprescindibles en la ciudad es su barrio más antiguo, Haga, un conjunto de calles  adoquinadas con encantadores edificios en los que se han instalado cafeterías y preciosas tiendecitas. En los años 60 y 70 fue un reducto hippy, pero hoy en día se ha convertido en un barrio de moda que se caracteriza por un ambiente bohemio. 

Gotemburgo también es la puerta de entrada a la Costa de Bohuslän, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y en la que centraríamos la visita de los próximos días, pero eso será en la siguiente entrada…..

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