viernes, 16 de diciembre de 2016

Día 8. Nuestra visita a Kanazawa

Nos levantamos a las 5.45 de la mañana.....Un buen madrugón para terminar de preparar todo, bajar a hacer el check out y completar el proceso de envío de nuestras maletas a Kioto, íbamos a estar dos noches en ruta y sólo lo haríamos con un par de mochilas con lo necesario. 
Cuando bajamos a la recepción de hotel, ya tenían todo preparado, nuestros papeles para la empresa de traslado de maletas rellenos por completo, la eficacia nipona no dejaba de sorprendernos en todo el viaje, son serviciales y amables hasta niveles que nosotros no podemos ni imaginar, me encantan...Tuvimos que pagar 2650 yenes por el servicio de traslado de equipaje, pero merece absolutamente la pena!!! Nosotros lo hicimos con el propio hotel y no nos cobró ninguna comisión, la empresa que utilizaron fue la famosa con la imagen del gato negro. 
El servicio takkyubin, que es como se denomina, es algo muy extendido en Japón y lo lo utiliza muchísima gente, para nosotros el principal problema era rellenar el formulario en japonés, por eso la ayuda de los empleados del hotel es siempre bienvenida. 


Ya sólo con nuestras mochilas nos vamos a la estación de Tokio desde donde a las 7.20 de la mañana salía nuestro shinkasen con destino a Kanazawa


El viaje dura aproximadamente dos horas y media que se llevan muy bien por la comodidad de los trenes. A nosotros nos tocó un japonés dormilón que roncaba de tal manera que no pudimos dormir en todo el camino, pero eso sí, nos reímos un montón con la situación jejejeje. 


Llegamos a la estación de Kanazawa y directamente nos fuimos hasta nuestro hotel My Stays Kanazawa (podéis ver aquí más en el post de nuestros hoteles). 
Como era temprano aún no tenían preparada la habitación, así que dejamos nuestras mochilas y nos fuimos sólo con  lo necesario para visitar la ciudad. 

En la propia estación de Kanazawa compramos unos tickets para movernos en autobús por la ciudad. Si sólo vais a estar un día en Kanazawa lo recomiendo totalmente, ya que las distancias son considerables y con dos veces que montemos en el autobús ya lo amortizamos. Los autobuses salen con mucha frecuencia y conectan la estación con la mayoría de los puntos de interés de la ciudad. 
El precio del ticket para todo el día es de 500 yenes.

Nuestra primera parada fue el Mercado de Omicho, un mercado cubierto espectacular donde se pueden encontrar infinidad de productos típicos y degustar alguna de las exquisiteces japonesas. Es un mercado muy antiguo que se remonta al período Edo. 
Nos encanta visitar los mercados de las ciudades en las que estamos, así que en este caso nos perdimos entre los puestos del Omicho y disfrutamos de lo lindo. Probamos unas brochetas de sepia que estaban exquisitas!!


En el mercado hay mucha variedad de productos, abundan los pescados y mariscos, pero también hay puestos de frutas, utensilios para la casa e incluso encontramos un precioso puesto de flores. 






Enfrente del mercado volvemos a coger el autobús de la R.L. (Right Loop) para ir hasta la parte de la ciudad que más ganas tenía de visitar. 

Llegamos al famoso barrio en el que antiguamente residían las geishas, el barrio Higashi Chaya-gai, el más grande de los barrios de geishas de Kanazawa. 
En realidad se trata tan sólo de una calle principal con casas de fachadas de madera tradicionales en las que podemos encontrar desde tiendas de productos locales, casas de té e incluso algún local para comer de la forma más tradicional. 
Pasamos a muchas de sus encantadoras tiendas, la amabilidad de los dependientes es como en todo el país. Encontramos muchos productos cosméticos en los que el oro era uno de sus componentes y compramos algunas cremas de regalo y otras para mí, la cosmética japonesa es una de las más valoradas del mundo y no quería dejar escapar la oportunidad. 








Pasear por allí fue uno de los mejores momentos del día, el ambiente era muy bueno, no había demasiada gente y nos encontramos con preciosos rincones. 






Entramos a comer en una de las casas tradicionales y nos encontramos con un local muy bonito en el que para entrar teníamos que descalzarnos y dejar nuestras zapatillas en la entrada. 
Nos sentamos en el suelo y pedimos dos platos de una carta muy sencilla y sin mucho donde poder elegir, no sabíamos muy bien lo que nos iban a traer jejejej, pero formaba parte de la experiencia. 


Uno de los platos era frío y el otro caliente, no fue la comida más rica que comimos durante todo el viaje, pero la experiencia nos encantó a los dos y probamos cosas diferentes. El precio estuvo genial, por 1300 yenes comimos los dos. 


Continuamos paseando por este barrio que nos estaba encantando, hicimos alguna compra y decidimos pasar a un local de sake atraídos por un anuncio de helado con sirope de sake. 
El helado estaba buenísimo, y ya que estábamos allí decidimos probar una degustación de diferentes sakes, el local era muy agradable y se estaba muy fresquito, había llegado el momento de probar esta bebida tan famosa en todo el país

La camarera nos sirvió de tres botellas diferentes y nos iba indicando a qué tipo de sake correspondía cada una, no me voy a hacer una experta en sake, desde ahora mismo lo digo, pero reconozco que allí me entraron fenomenal jajaja, la verdad es que me lo esperaba una bebida mucho más fuerte y en ese sentido me sorprendió. 
La degustación era de tres sakes fríos, uno más aromático, otro que era el más famoso de la ciudad de Kanazawa y otro más suave. 

Volvemos hacia la parada del autobús para dirigirnos hacia nuestro siguiente destino.






El autobús nos deja en las puertas de los Jardines Kenroku-en, considerado uno de los jardines más bonitos de Japón.  Datan del período Edo, cuando eran los jardines exteriores del castillo de Kanazawa y hasta 1871 fue un jardín privado del que sólo podían disfrutar unos pocos, hoy en día es un gran tesoro al alcance de todos. 
La entrada a los jardines son 310 yenes.
El horario de visita es de 7 a 18 horas en el período de verano y de 8 a 17 horas en invierno.


Damos un agradable paseo a lo largo del espacio que ocupan los jardines, disfrutando del maravilloso paisaje que forman los árboles, estanques, puentes..... 






Este puente de piedras recibe el nombre de "puente del caparazón de tortuga" por la forma de sus piedras, aunque oficialmente es denominado Kikko-bashi.
 





Los jardines están muy limpios y muy cuidados, se pueden ver a los trabajadores en cualquier rincón del mismo dedicándose por completo a que luzcan así de bonitos. 












Las casas de té son otro de los atractivos de estos jardines, la más antigua data de 1774 y son considerados como lugares de descanso. 



También pasamos por la fuente Funsui, la fuente más antigua de Japón y de la que el agua emana por presión natural.


Me encantaría ver estos jardines en otoño, tiene que ser un espectáculo de color con tanta variedad de árboles!!! 
Nos vino muy bien descansar en los jardines, habíamos madrugado bastante y con el calor que hacía apetecía bastante buscar una sombra y descansar..... e incluso dormir un poquito la siesta ¿verdad Diego? jejejeje. 

Desde los jardines fuimos caminando hasta el recinto del Castillo de Kanazawa que se encuentra enfrente. No entramos a su interior pero sí al recinto que es gratuito. 



El Castillo de Kanazawa fue fundado en 1873 y debido a los incendios que ha sufrido, ha sido reconstruido en más de una ocasión. Tiene la típica arquitectura de los castillos japoneses, preciosa. 
Es una buena opción para visitar junto con los jardines Kenrokuen, teniendo en cuenta que el horario de visita es más o menos el mismo. 











Después de estar allí un buen rato disfrutando de las vistas, nos vamos dando un paseo hasta la parada de autobús para ir a otro destino de la ciudad que queríamos conocer. Por el camino encontramos alguna tienda de recuerdos y algún puesto donde compramos unas galletas típicas. 




Tras algunas paradas, llegamos al barrio Nagamachi, el barrio samurái de la ciudad de Kanazawa. 
Paseamos por sus sinuosas callejuelas con casas de grandes puertas y muros arenosos, las antiguas casas de los samuráis. 
En este barrio encontramos menos gente que el barrio de las geishas, había momentos en los que íbamos paseando solos y eso le dio un encanto especial. Recomiendo que si se tiene tiempo también se visite esta zona!!










Decidimos volver andando y nos encontramos con el Santuario Oyama-jinja que nos llama bastante la atención por su entrada, la puerta Shinmon que ha sido declarada patrimonio cultural de Japón.






El sol ya se estaba poniendo y pudimos disfrutar de una imagen preciosa de la puerta de este santuario con sus vidrieras iluminadas en la puesta de sol. 


Queríamos cenar sushi, así que nos fuimos hasta el mercado de Omicho y allí encontramos justo lo que queríamos, un restaurante justo a la entrada y de estilo Kaitensushi, es decir de esos que los platos vienen por una cinta transportadora, tú eliges el plato que quieres y luego se paga en función del color y la cantidad de platos. 
Nos sentamos en la barra y pedimos un par de cervezas, reconozco que nos pilló con ganas de sushi y nos pusimos las botas jejejeje. Qué rico!!! Recuerdo un plato de atún del mejor calidad, maguro, que estaba exquisito. 




Nuestra torre de platos iba creciendo y creciendo!!! Pero qué bien cenamos, lo recuerdo como una de las mejores. 


Volvemos al hotel paseando y aprovechamos para pasar por la estación y ver su espectacular puerta Tsuzumi y la cúpula Motenashi ambas de construcción muy reciente, concretamente del 2005 y que se han convertido en un símbolo de la ciudad. 


También en la plaza de la estación, junto a la puerta, podemos ver una fuente reloj que es interesante porque dibuja la hora con el propio agua, la verdad es que estuvimos allí un rato observándolo y nos pareció bastante curioso. 


Estábamos bastante cansados, así que cruzamos la estación y nos fuimos al hotel a descansar, teníamos también que aprovechar nuestra maravillosa habitación, además al día siguiente nos esperaba una gran aventura y teníamos que prepararnos bien, jejejeje, no os la perdáis en el siguiente post!!!!


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