sábado, 11 de febrero de 2017

4 días en Viena. Día 2: Un día de contrastes

Salimos temprano del hotel y el frío era más intenso que el que habíamos sentido el día anterior, aunque tengo que reconocer que poco a poco el cuerpo se va acostumbrando y llega un momento en el que no le das importancia jejejeje, aunque frío hacía y bastante. 

Como había comentado en una entrada anterior, a nosotros nos gusta visitar las ciudades caminando siempre que sea posible, y Viena lo es en la mayor parte de los casos, así que salimos andando del hotel en dirección al Rathaus, el ayuntamiento de la ciudad. 





Fuimos caminando por el Ringstrasse,  una de las vías principales de Viena. En el Ring, que es como se conoce popularmente, se encuentran muchos de los monumentos principales. Esta gran avenida surgió en la segunda mitad del siglo XIX cuando el emperador Francisco José mandó derribar las murallas de la Innere Stadt y así nació este precioso bulevar. 



Por el Ring podemos ver pasar diferentes líneas de tranvías, algunas aún conservan esos tranvías antiguos que a mí personalmente me encantan y que le dan a la ciudad un aire encantador. 
Pasamos por delante de uno de los edificios de la Universidad. 


Y también por el Café Landtmann, al cual no pasamos porque estábamos recién desayunados, pero es uno de los más famosos de la ciudad. 


Enfrente se encuentra el Rathaus, el ayuntamiento. Se trata de un precioso edificio inspirado en los ayuntamientos flamencos en el que destaca su esbelta torre que se puede ver desde diferentes puntos de la ciudad. Se construyó en ese momento en el que el emperador desmanteló las murallas del casco histórico.


En la plaza que hay delante del ayuntamiento, había instaladas varias pistas de patinaje y algunos puestos de productos típicos. Estuvimos un buen rato viendo cómo patinaban y reconozco que me quedé con las ganas de alquilar unos patines y probar, aunque con el frío creo que no me iban a responder las piernas, jejeje. 






A pesar del frío que hacía, el ambiente era muy bueno y el entorno precioso, tenía un toque navideño y todo. Allí estaba también instalada una bola de nieve gigante, de esas que dentro llevan algún monumento, y más tarde descubriríamos que fue en la ciudad de Viena donde se inventaron. 



Justo enfrente de la plaza se encuentra el Burgtheater, el teatro imperial, uno de los más antiguos de Europa. Se puede hacer una visita guiada, pero nosotros preferíamos ver el edificio de la Ópera, así que ni lo intentamos, sólo lo vimos por fuera. 





Continuamos caminando por el Ring y llegamos hasta el Parlamento, en el que destaca su fachada con las columnas griegas y estatuas inspiradas en la Grecia clásica. Es una construcción renacentista que se finalizó en 1884. Durante la Segunda Guerra Mundial quedó parcialmente destruido, pero como otros monumentos, fue reconstruido fielmente. También puede visitarse. 


Desde allí nos fuimos caminando hasta el siguiente lugar que queríamos visitar, el cual se encuentra muy cerca del MuseumQuartier. 






Nuestro destino era el encantador barrio de Spittelberg que como decía, se encuentra muy cerca del Barrio de los Museos. Este barrio no tiene ningún monumento en especial, vamos lo especial es perderse por sus callecitas y disfrutar del encanto de sus fachadas y locales. Es verdad que este barrio tiene que ser mucho más interesante en verano, cuando los bares tengan instaladas sus terrazas al aire libre y haya mucha más gente, pero aún así a nosotros nos gustó mucho dar un paseo por allí. 














Antes de continuar, decidimos hacer una pequeña parada y tomar un típico melange (café con leche) y una porción de apfelstrudel para compartir, en un pequeño  café de barrio. 





En alguna ocasión ya he comentado que en nuestros viajes, nos encanta visitar los mercados de los lugares a los que vamos, así que Viena no iba a ser una excepción. 
Esta vez visitamos el mercado de Naschmarkt, uno de los mercados más antiguos y conocidos de la ciudad. 
Estaba bastante cerca de donde nos encontrábamos, así que en un paseo de unos diez minutos ya estábamos allí. 



Abre de lunes a viernes desde las 6,30 de la mañana hasta las 18,30 horas y los sábados hasta las 14 horas. 
Los sábados, el mercado se amplía con un "fleamarket" esos mercados de las pulgas tan pintorescos en los que puedes encontrar prácticamente de todo!!!

Además de los puestos de frutas, verduras, carnes, etc., también podemos encontrar restaurantes donde degustar alguno de los platos típicos austríacos. 







Comprar no compramos nada esta vez, pero pasamos un rato muy agradable paseando entre los puestos. 





Al lado del mercado Naschmarkt se encuentra el Theater an der Wien, un teatro histórico donde Beethoven estrenó muchas de sus obras. 





A unos pocos pasos se encuentra uno de los monumentos que más llaman la atención de la ciudad, el Pabellón de la Secesión.
Este edificio fue construido en 1897 por el arquitecto Joseph Maria Olbrich para que los artistas del movimiento secesionista expusieran sus obras. 
Entre los artistas más famosos de este movimiento se encuentran el pintor Gustav Klimt, cuyas obras también visitaríamos en Viena, y el arquitecto Otto Wagner, creador de los pabellones que fueron utilizados para el metro de Viena en la Karlsplatz y que también veríamos en nuestro viaje. 




Para comer ese día elegimos el Café Museum, que se encontraba a pocos pasos de allí. Un par de sopas nos vinieron de maravilla para recuperarnos del frío que hacía en la calle. Este lugar abrió sus puertas en 1899 y, como la gran mayoría de estos locales,  durante un tiempo sirvió de punto de encuentro para intelectuales, dicen que Gustav Klimt era uno de los asiduos. 
Nosotros comimos bastante bien por menos de 25 €.



De nuevo salimos a la calle y damos un paseo por el Graben y alrededores aprovechando los últimos momentos de luz del día, y es que viajar en invierno es lo que tiene, hay que aprovechar muy bien la mañana porque sobre las 16,30 comienza a anochecer. 




El siguiente lugar que visitamos en este día es uno de los monumentos imprescindibles en toda visita a Viena, el Hofburg, el palacio de invierno de los Habsburgo. 
En este recinto se encuentran varios lugares de interés, aunque para visitarlos todos habría que dedicar más de una jornada. Entre ellos se encuentra la Escuela de Equitación Española, pero estaba cerrada.

Antes de entrar al palacio propiamente dicho, visitamos la Iglesia de los Agustinos, la Augustinerkirche, la iglesia donde tuvieron lugar varios enlaces matrimoniales de la casa de los Habsburgo, entre ellos el de Francisco José y  la emperatriz Elisabeth, más conocida como Sisí. 
Esta iglesia es famosa por ofrecer conciertos de música sacra, lástima que no coincidiera ninguno durante nuestra estancia.






Vamos hacia la entrada del Hofburg situada en la Michaelerplatz. Nada más entrar se encuentra la oficina donde se adquieren los ticket para las visitas. Nosotros compramos un ticket para visitar el museo de platería de palacio, el Museo de Sisí y los Apartamentos Imperiales (creo que es el más básico) y su precio fue de 25,80 € para los dos. 







Salimos de la visita ya de noche, hacía un frío intenso y lo mejor que podíamos hacer era ir a tomar algo caliente. Queríamos probar la famosa tarta Sacher en el café del mismo nombre, así que nos fuimos hasta el Café Sacher, tuvimos que esperar un poco de fila antes de poder sentarnos, es lo que tiene que un lugar se haga famoso entre los japoneses jejeje. 
Pedimos dos chocolates calientes y dos porciones de la famosa tarta y pagamos 26 €!!!! Vamos más que en la comida jejeje. 
Es verdad que la tarta está muy buena, pero en otros cafés probamos la sacher torte también y no tenían nada que envidiar a ésta, incluso me atrevo a decir que en alguno estaba mucho mejor. 




Paseamos un poco por los alrededores de la Ópera viendo como la gente llegaba para el espectáculo de esa noche, incluso nos pusimos en la fila de las entradas para verlo de pie (entradas a 3 y 5 €), pero se agotaron antes de que llegásemos a la taquilla. Recomiendan ponerse a la fila alrededor de hora y media antes de que dé comienzo la obra. 

Después de hacer un poco de tiempo nos fuimos a cenar a una taberna que queríamos visitar. La Der Liebe Augustin, se encuentra en el centro histórico, en Fleischmarkt 11 y es un lugar donde antiguamente se reunían músicos e intelectuales, grandes genios de la cultura vienesa. Se reunían en una de las salas de la taberna en la cual dejaban su firma en el techo, entre esas firmas está la de Beethoven. 






Después de esta agradable cena, volvimos paseando al hotel, había sido un día muy bien aprovechado en el que habíamos visto desde mercados de antigüedades hasta las estancias imperiales, así que ahora tocaba descansar, aún nos quedaban cosas que ver en esta preciosa ciudad, pero ya sería al día siguiente. 

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