sábado, 7 de enero de 2017

Día 11. Kioto. Camino de la Filosofía, de templo en templo.

La noche anterior habíamos llegado a Kioto. Su estación es de las más impresionantes de Japón, aún recuerdo el ir y venir de la gente de un lado a otro pero con un orden impresionante, y nosotros buscando la salida más adecuada para llegar a nuestro hotel. El hotel que habíamos elegido para las primeras cuatro noches en la ciudad es el Sakura Terrace, podéis ver aquí el post de los alojamientos en nuestro viaje. 
No podré olvidar nuestra cara de alegría y sorpresa cuando al hacer el check in , el empleado sacó nuestras maletas que habían llegado desde Tokio, de verdad que es de admirar la eficacia japonesa. 

Tras el merecido descanso nos ponemos en marcha, hoy toca visitar parte de los maravillosos templos que hacen famosa a  Kioto, una ciudad en la que puedes encontrar un templo a cada paso, por lo que considero muy importante hacer una selección de los que se quieren visitar y ordenarlos por la zona en la que se encuentran, así será más eficaz la visita.







Salimos del hotel y nos fuimos caminando hasta la estación, allí compramos el ticket diario de autobús por 500 yenes cada uno (más tarde descubrimos que podíamos comprarlo en el propio hotel y que justo enfrente del mismo teníamos una parada, nos sirvió para los siguientes días )

En la propia estación nos montamos en el bus número 100 que nos lleva hasta la parada de Ginkaku-ji, nuestra primera parada. 




En un plano de Kioto habíamos marcado los lugares que hoy íbamos a visitar, de esta manera fue un poco más fácil orientarnos, en google maps este fue el recorrido que hicimos en este día (visitando los templos)





Ginkaku-ji es también conocido como el Pabellón de Plata y, aunque no es tan espectacular como el dorado que veríamos también en esta ciudad, es un templo precioso, no sólo por sus edificios si no también por el entorno y sus encantadores jardines. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1994.
Se puede visitar de 8 a 17,30 horas y el precio de la entrada individual son 500 yenes. 



En realidad la idea inicial de recubrir el templo con láminas de plata no pudo llevarse a cabo, pero aún así,  luce espectacular. 
El edificio principal no puede visitarse por dentro, por lo que hay que disfrutar de él desde los jardines, siguiendo un recorrido marcado y cuidado hasta el último detalle. 
En el templo hay un jardín seco conocido como "Mar de arena plateada" y también en él podemos encontrar el característico cono de arena que muchos dicen que simboliza el famoso Monte Fuji. 





Puedes subir un poco por una ladera disfrutando del jardín y de las vistas del propio templo con la ciudad al fondo. La verdad es que se encuentra en un sitio privilegiado.







Casi a las puertas del Ginkakuji se puede iniciar el famoso Camino de la Filosofía o Paseo del Filósofo, un agradable sendero de unos dos kilómetros que discurre a lo largo de un canal entre cerezos, tiendas de artesanía, locales donde tomar un té y desde el que es muy fácil visitar varios templos. El nombre se debe al filósofo japonés Kitaro Nishida que solía pasear por allí en busca de inspiración. 
En verano, este sendero es bonito, pero en primavera, cuando todos los cerezos estén en flor, debe ser un espectáculo absoluto. 









En el paseo encontramos tiendas muy chulas, detalles que nos encantaron e incluso algún pintor realizando bonitas obras. Incluso encontramos una "familia de osos" pescando en el canal, me encantan estos detalles japoneses!!!







Llegamos a uno de los templos budistas más bonitos de esta zona, Eikan-do, rodeado de un espectacular jardín plagado de arces que en otoño debe ser una visita impresionante, de hecho es de los lugares más famosos como destino otoñal en la ciudad.
El templo fue fundado en el año 855 con el nombre de Zenrin-Ji, pero en el siglo XI se cambió el nombre en honor al sacerdote Eikan. 

El horario de visita es de 9 a 17 horas y la entrada cuesta 600 yenes.






Paseamos por sus jardines, entre sus salas y por preciosas pasarelas de madera hasta llegar a la conocida fuente Suikinkutso, la cual debido a su diseño, es capaz de hacer música mientras cae el agua. 




Caminamos descalzos a través de la garyuro, una pasarela cubierta con una empinada escalera que lleva hasta la pagoda del templo. En esta pasarela es donde se encuentra la famosa fuente sonora. 



Los edificios que componen el templo son muy bonitos y con una rica decoración. Es uno de los templos que para mí serían imprescindibles de visitar en esta zona de Kioto. A lo largo del recorrido que hicimos por el interior, descubrimos encantadores rincones. Había una luz preciosa que resaltaba la vegetación tan cuidada que hay en la mayor parte de los templos, es una de las cosas envidiables de este país, cuidan lo suyo para que luzca bonito para los demás. 






Se trata de uno de los templos más antiguos de la ciudad y cuenta con varios edificios entre los que se encuentra la Pagoda Tahoto que se puede ver desde los jardines del templo, nosotros no llegamos hasta ella ya que queríamos seguir viendo algún templo más de la zona. 





De allí nos vamos hasta el templo Nanzen-ji, donde encontramos una gran tranquilidad, no hay mucha gente visitándolo y es algo que se agradece para pasar un rato allí. 

El horario de visita es de 8.30 a 17 horas y la entrada cuesta 500 yenes.

Destaca en él la imponente puerta San-mon de 22 metros de altura, construida en 1296 y a la que se puede subir pagando 400 yenes. 




Pero si hay algo que hace especial la visita a este templo, es poder admirar el acueducto Suirokaku que atraviesa sus terrenos, un acueducto al más puro estilo del imperio romano que también ha sido utilizado para transportar agua desde el lago Biwa hasta la ciudad. 
Aunque parezca algo extraño en ese paraje, hay que reconocer que está totalmente integrado y que forma parte del propio templo, dándole un carácter muy especial y un ambiente encantador. 




Después de descansar allí un rato, nos vamos caminando entre encantadoras calles tradicionales  hasta el siguiente lugar que teníamos marcado en nuestra visita para este día. 







Llegamos al templo Shoren-inEs un templo budista con la particularidad de ser uno de los templos monzeki, es decir, que los monjes que en él residen son tradicionalmente miembros de la familia imperial. 

El horario de visita es de 9 a 17 horas y la entrada cuesta 500 yenes.

Se puede visitar gran parte de su complejo, edificios y los espectaculares jardines. Lo mejor es sentarse un rato a la sombra, descalzo e imaginar dónde te encuentras.... relajarte un rato y reponerte para seguir visitando los espectaculares templos de la ciudad. 
No es un templo muy visitado, quizás porque no forme parte de las rutas más famosas, pero es un templo muy recomendable por la tranquilidad que encuentras tras sus muros, además de por la belleza de sus jardines. Es verdad que hay muuuuchos templos para visitar en la ciudad y que hay que hacer una selección, nosotros habíamos planificado el día con unos cuantos y terminamos cumpliéndolo a pesar de las inclemencias del tiempo jejejeje. 














En los espectaculares jardines del templo podemos ver un pequeño bosque de bambú. 


Empieza a nublarse y a ponerse el cielo muy oscuro, así que sin perder tiempo nos vamos al templo Chion-in que se encuentra justo al lado. Se trata del templo donde se encuentra la sede central de la secta Jodo, la secta budista más numerosa de todo Japón. 
Es el templo más visitado de la ciudad, aunque en nuestro caso, por la amenaza de lluvia quizás, no encontramos demasiada gente, además está en proceso de restauración una gran parte del mismo. 
Destaca la gran puerta San-mon, una de las más grandes que habíamos visto, de hecho se trata de la más grande de todo Japón. 
La entrada general es gratuita, aunque hay que pagar para ver alguno de sus edificios. 













Después de dar una vuelta por el recinto, entrar a alguno de sus edificios y disfrutar de sus preciosos jardines, dejamos Chion-in bajo una intensa lluvia. 
Como habíamos olvidado nuestros paraguas en el hotel, la verdad es que nada hacia presagiar que iba a llover de esa manera, decidimos ir a refugiarnos a algún lugar y así comer algo. 
Por las calles que íbamos no encontrábamos ningún lugar donde poder comer que estuviese abierto, era ya algo tarde y los locales de comida estaban cerrados hasta el servicio de la cena, así que recurrimos a un lugar donde siempre puedes comer algo, un McDonald's, con la gracia de que pedimos unas hamburguesas con salsa teriyaki. No somos muy amantes de este tipo de comida, pero había que refugiarse y al final no estuvo nada mal. 



En cuanto vemos que ha dejado de llover, salimos rápidamente para ir a visitar uno de los santuarios más bonitos de Kioto. Es nuestra última visita del día en cuanto a templos se refiere, y llegamos antes del cierre casi por los pelos. 
Se trata del Santuario Sintoísta Heian-Jingu, uno de los más visitados de la ciudad. 
Una de las cosas que más llama la atención es su puerta de entrada, el enorme torii que encontramos a unos cuantos metros de distancia del edificio principal. 

El horario de visita es de 6 a 17 horas, aunque la entrada es gratuita, si se quieren visitar sus preciosos jardines hay que pagar 600 yenes. 











Una de las cosas que más nos gustó de este lugar fue su impresionante jardín (para visitarlo sí que hay que pagar los 600 yenes). Merece la pena pagar la entrada para disfrutarlos, pasear sin rumbo por sus senderos, saltar por las piedras flotantes que cruzan su lago y que sirvieron como decorado de una escena de la película Lost in Translation. 

















Cerramos literalmente los jardines del santuario, tras nuestra salida el guardia cerró las puertas, fue una suerte poder visitarlos. 

A la salida del santuario, nos vamos caminando hasta la zona del río para llegar a uno de los lugares más famosos de la ciudad, el callejón Pontocho, un lugar que desde luego no deja indiferente. 




Justo al lado del río nos encontramos con un festival con casetas de productos típicos, así que decidimos que será un buen lugar donde tomar una cerveza y picar algo antes de retirarnos al hotel. 


Pero antes recorremos el callejón Pontocho para ver si encontramos esa "magia" que dicen que lo envuelve....










Sabíamos que íbamos a volver a esta zona a cenar una noche, así que salimos a la zona del río a disfrutar un poco del festival que tenían allí montado!!!




El cansancio de todo el día se apodera de nosotros y decidimos volver al hotel a descansar, aún nos quedaban muchas cosas para disfrutar en la ciudad.  Con nuestro ticket de autobús diario volvemos hasta la parada que teníamos al lado del hotel. 

4 comentarios:

  1. Me encantan esos pequeños festivales!!
    Por cierto, el Eikando está precioso en otoño, pero lo suben a 1000¥ y se pone a petar de gente... U.u
    Un día muy bien aprovechado!!
    Un saludo

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    1. Debe ser un espectáculo verlo en otoño, aunque imagino que será difícil ver algo con la cantidad de gente que habrá! A nosotros nos sorprendió el festival de Asakusa de fuegos artificiales en el que casi no podíamos ni andar jejejeje!!! Japón nos ha encantado y seguro que volveremos! Un saludo

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    2. Pues mas o menos jaja pero bueno, es bonito...
      Seguro que volvéis ;) y os recomiendo adentraros en zonas menos turísticas como hicimos nosotros en este segundo viaje. Una maravilla!

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    3. Seguro que algún día volveremos a Japón y descubriremos rincones menos conocidos! Muchas gracias por tus comentarios, sigue descubriendo ese maravilloso país para luego mostrarlo, así cogemos ideas jejejeje

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