sábado, 11 de junio de 2016

Josselin y Rochefort en Terre, entre castillos y pueblos de cuento

Después de disfrutar de la visita al precioso Pont-Aven (viene del relato anterior),y del que creo que me llevé bastante inspiración, jejeje,   continuamos con la ruta que teníamos pensada para ese día.

Esta segunda parte de la jornada nos llevaría a lugares espectaculares, visitaríamos castillos de los de cuento y pueblos con aires medievales y con un encanto especial.




Nuestra siguiente parada fue Quimperlé, una pequeña población en la que su monumento más destacado es la Iglesia de Ste-Croix del siglo XI, considerada uno de los mejores ejemplos de arquitectura románica en Bretaña. Como curiosidad, en el interior de la cripta de esta iglesia, se encuentra la tumba de San Gurloës, del que dicen que tiene el poder de curar las migrañas, es por eso por lo que hay un agujero por el que los afectados pueden meter su cabeza para recibir la curación del santo.
También en el interior podemos ver un importante conjunto escultórico del siglo XVI que representa el Santo Entierro. 




Al lado de la iglesia se encuentra un bonito edificio del mercado de Quimperlé, cuando llegamos aún había algunos puestos en el exterior, aunque la mayor parte de ellos ya estaban recogidos.



Seguimos dando un paseo por la localidad, por la cual pasa la ría La Laïta formada por la confluencia de los ríos Ellé y el Isole, esta ría fue navegable en un tiempo, hoy forma un bonito paisaje con el resto del pueblo. 



Es la hora de comer, así que buscamos un lugar para saciar nuestro apetito y encontramos una terraza sombreada en una de las calles cercanas al mercado, se trata de la Creperie des Archers y la verdad es que no pudimos elegir mejor.Pedimos unos tallarines elaborados con la masa de preparar las crepes bretonas que podías acompañar con diferentes salsas, estaban riquísmos!!! Eso sí, tampoco nos faltó una sidrita de la zona para brindar por la jornada de hoy.




Tras un breve descanso con la comida, ponemos rumbo a uno de los lugares más conocidos de la Bretaña, Josselin, conocido por tener uno de los castillos mejor conservados de la región, en parte porque aún sigue habitado. 
Pero además de un impresionante castillo, el cual se puede visitar y del que ahora hablaremos, Josselin posee un bonito conjunto arquitectónico de casas medievales, muchas de ellas con las fachadas de entramado de madera. 




Uno de los mejores lugares de la localidad, es la céntrica Plaza de Notre Dame donde se encuentra además otra de las joyas de Josselin, la Basílica de Notre Dame de Roncier que también visitamos. 
En la Plaza de Notre Dame, además de preciosas casas de entramado de madera del siglo XVI y XVII, podemos encontrar tiendas de productos típicos y algunos restaurantes con terrazas muy agradables donde poderse sentar.




La Basílica de Notre Dame de Roncier, comenzó a construirse en el siglo XIII y no fue hasta tres siglos más tarde cuando se dio por finalizada la obra, es por eso por lo que podemos ver diferentes estilos en el edificio actual. En el interior destacan las vidrieras de la Virgen de la Zarza por las que es conocido este templo, además de por el bonito techo de madera. 

Por detrás de la Basílica se accede a una escalera por la que se puede subir hasta el campanario, es una escalera bastante estrecha formada por unos 130 escalones, una vez arriba las vistas son espectaculares. Podemos ver el edificio del Ayuntamiento, los tejados de las casas y sobre todo, y lo que más impresiona, la joya de los castillos bretones, el castillo de Josselin. También subiendo se pueden observar alguna de las gárgolas con las que cuenta la Basílica. 





Y ahora sí tocaba la visita al Castillo de Josselin, el cual se puede visitar por las tardes y sólo en parte, ya que aún sigue habitado por el Duque de Rohan. 
El castillo fue construido en el siglo XV y contaba con ocho grandes torres sobre el río, de las que hoy se conservan tres y una gran torre del homenaje que fue derribada siglos atrás. El precio de la entrada es de 9 €, aunque por fuera ya se puede tener una visión muy buena de lo que es este castillo, creo que merece la pena pagar la entrada y visitar su interior y sus impresionantes jardines. 







Después de la visita al castillo, damos un pequeño paseo disfrutando de encantadores rincones de Josselin. 





Dejamos Josselin y nos vamos hasta Malestroit donde también pudimos disfrutar de un interesante conjunto de casas de entramado de madera. 
Aparcamos el coche muy cerca del centro y caminamos un poco hasta llegar a la plaza principal , la Plaza Bouffay donde se encuentra la iglesia de St Gilles, otra de esas construcciones con influencia románica y gótica que podemos encontrar por la región. 




Aprovechamos para tomarnos un té helado en una de las terrazas que se asoman a esta plaza, y así disfrutar de las vistas. 









Por sus calles podemos ver algunas de las casas de entramado de madera del siglo XVI y XVII de las más bonitas que habíamos visto, algunas conservan en sus fachadas tallas de madera. 



Por Malestroit pasa el canal que va de Nantes a Brest, así que nos acercamos a pasear un rato por su orilla. 



Después de este agradable paseo nos vamos hasta nuestro último destino del día, uno de los pueblos más bonitos de la Bretaña, al menos desde mi humilde opinión, quizás también tuvo que ver el lugar en el que nos alojamos....

Antes de la puesta de sol llegamos a Rochefort en Terre, dejamos el coche fuera de la localidad, ya que no se puede acceder con vehículos y andando con nuestra maleta nos metimos de lleno en el medievo casi sin darnos cuenta. Lo que empezamos a ver nos encantó, un pueblo en el que por las horas que eran, casi no había turistas, un pueblo sin vehículos, tranquilo, con un aire romántico y una luz preciosa, desde el primer momento nos cautivó. 

Nos dirigimos a nuestro alojamiento en la Rue Saint Michel, el más especial de todo el viaje, La Tour du Lion, una antigua mansión del siglo XV con una habitación preciosa hasta con chimenea de piedra. Lo reservamos a través de la página de booking y fue un pequeño capricho, pero con un precio excepcional para el lugar que era.  Nos entregaron las llaves y se marcharon hasta el día siguiente, así que por esa noche éramos los dueños de la Tour du Lion, jejeje, en el fondo daba un poquito de respeto porque estábamos solos en aquel antiguo edificio. 




Enseguida salimos a la calle para aprovechar los últimos momentos del día y empezar a disfrutar del ambiente de Rochefort en Terre. Pasear por sus calles solitarias fue lo mejor de jornada, poder disfrutar de su ambiente, todo adornado de flores y sus encantadores rincones....
La plaza du Puits es una de las principales de la ciudad, en ella frene al pozo de piedra se encuentra la oficina de turismo de la localidad, aunque a estas horas estaba cerrada. 











Dando un paso llegamos hasta la Iglesia de Notre Dame de la Tronchaye, la cual según cuenta la leyenda fue construida en el lugar en el que una pastora encontró la estatua de madera de una virgen amamantando al niño que un sacerdote había escondido en el tronco hueco de un árbol para evitar el saqueo de las invasiones normanda allá por el siglo X. 


Decidimos cenar en la terraza de un restaurante de la Plaza du Puits antes de que cerrasen, como no había mucha gente por el pueblo no sabíamos si íbamos a encontrar algo abierto si esperábamos hasta más tarde, además pensándolo bien, teníamos un poco de hambre. Iba a ser nuestra última cena en Bretaña, así que quisimos despedirnos con los productos típicos, unos mejillones, una crep salada y una dulce para compartir.


Y después de cenar, seguimos paseando por Rochefort en Terre. Si con la luz del día nos había encantado, de noche el ambiente no puede ser más bonito. Poco a poco unas luces tenues se van encendiendo y van iluminando levemente las fachadas de los edificios, un aire mágico envuelve entonces toda la localidad. 









Y con esta preciosa vista con nuestro alojamiento a la espalda, nos fuimos a descansar, al día siguiente nos espera nuestro último día de ruta por la Bretaña y aún nos quedaban cosas sorprendentes por ver.



Teníamos pensado dejar Rochefort en Terre nada más levantarnos, pero no pudimos resistirnos a hacer unas últimas fotos de la plaza de Puits, en el lugar que con más pena dejamos, de hecho varias veces volvimos la vista atrás una vez que íbamos por la Rue Saint Michel en dirección al aparcamiento. 







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