domingo, 3 de abril de 2016

Valladolid sorpendente

Continuando con el fin de semana que habíamos comenzado con la visita a una bodega de la denominación de origen Ribera del Duero y a la preciosa localidad de Peñafiel, llegamos ya de noche a la ciudad de Valladolid. Para pasar la noche hicimos uso del regalo de mi cuñada en forma de CofreVip que nos permitía alojarnos en una serie de hoteles con desayuno incluido. El hotel que elegimos era el Meliá Olid, con una situación perfecta para visitar todo lo importante de la ciudad, es un hotel bastante grande y las habitaciones correctas, el desayuno que ofrecían era muy completo y estuvieron reponiendo hasta el final, ya que nosotros el domingo no madrugamos y pudimos comprobarlo, jejeje. 

Cuando llegamos estaba lloviendo bastante, dejamos la maleta en la habitación y enseguida nos fuimos hasta la Plaza Mayor a comenzar a disfrutar de las afamadas tapas, madre mía, sólo por eso ya merece una visita la ciudad.




Como llovía bastante, no quisimos alejarnos mucho de la zona de soportales, así que sin buscar mucho entramos en uno llamado La Cantina, donde tomamos nuestras primeras tapas, una de ensaladilla (que ha Diego le encanta) y otra de alcachofa que también estaba muy buena. 


Nuestra siguiente parada fue en el Alarcón, muy famoso por sus torreznos, aunque también se pueden pedir otras cosas. Nosotros estábamos bastantes llenos después de la comida a base de lechazo churro que nos habíamos pegado al mediodía, así que únicamente pedimos un plato de torreznos para probarlos, y bien ricos que estaban. Sorprende la buena oferta de vinos que puedes encontrar en cualquier sitio, sobre todo los de la zona. 



 Hacía bastante frío, mucho frío, y como habíamos madrugado bastante ese día, decidimos irnos al hotel a descansar para coger más fuerzas para el día siguiente, ya nos habíamos hecho una idea de lo que nos esperaba!!!

Tras un merecido descanso y un buen desayuno en nuestro hotel, salimos a comernos la ciudad, y esta vez nunca mejor dicho, jejeje. Es domingo de resurrección en una ciudad donde la Semana Santa está declarada de Interés Turístico Internacional, así que seguro que algo relacionado con ella nos vamos a encontrar. 

Comenzamos la visita por las proximidades de la Catedral, por la Iglesia de Santa María  la Antigua, un templo románico del siglo XIII reconstruido más tarde en estilo gótico y del que sorprende su torre románica con grandes ventanales abiertos y rematada en forma piramidal. Pasamos a su interior donde se estaba preparando una procesión. 



Continuamos por la Catedral, un templo encargado por Felipe II al arquitecto Juan de Herrera en 1578 y que aún hoy no se ha dado por completada su construcción. Su proyecto inicial se planteó para sustituir a la vieja Colegiata gótica de Santa María cuyas ruinas,  pueden verse todavía adosadas al edificio de la catedral.


La fachada de la catedral es una mezcla de estilos, clasicista y barroca. El interior no pudimos disfrutarlo mucho, ya que cuando entramos se estaba celebrando una misa, así que observamos un rato y enseguida nos salimos. 



Continuamos nuestra visita por el casco histórico de la ciudad, un precioso conjunto de fachadas muy cuidadas y en armonía, la verdad es que nos ha sorprendido lo limpia que estaba la ciudad y lo bien cuidado de sus edificios.



Por suerte nos encontramos con el Pasaje Gutierrez, una preciosa galería comercial cubierta construida en 1885 tomando como imagen las galerías europeas de este tipo. Está situado entre las calles Fray Luis de León y Castelar. Las tiendas estaban cerradas, pero pudimos disfrutar del pasaje sin gente....



En la plaza del Salvador se encuentra la iglesia del mismo nombre, un templo de fachada manierista de mediados del siglo SXVI, en su interior destaca un retablo flamenco del siglo XV en forma de tríptico.



Nos vamos a una de las plazas más concurridas, es la plaza de la Fuente Dorada, muy cercana a la Plaza Mayor y unida con ésta por una zona de soportales. Antiguamente la Plaza Mayor era la oficial y la Plaza de la Fuente Dorada era más comercial. En ella se encuentra una gran fuente que le da el nombre, aunque la de ahora ya no es dorada.
Por aquí encontramos una procesión y aprovechamos para ver parte de esta tradición de la ciudad.







Avanzando por la calle de las Platerías llegamos hasta la Iglesia de la Veracruz, sede de la cofradía más antigua de la Semana Santa vallisoletana. Posee varios conjuntos de esculturas procesionales de gran valor.


Llegamos hasta uno de los conjuntos arquitectónicos más famosos de la ciudad, donde se encuentran verdaderos tesoros. Estamos en la Plaza de San Pablo donde se encuentra la Iglesia del mismo nombre y de la cual destaca su impresionante fachada de estilo gótico isabelino cuya construcción comenzó a finales del siglo XV. La verdad es que no te cansas de mirarla y puedes estar un buen rato observando cada uno de los detalles que la conforman.


 En la misma plaza se encuentra el Palacio de los Pimentel, un sencillo edificio renacentista en el que destaca su ventana en esquina de estilo plateresco. En este lugar nació Felipe II y cuentan que lo tuvieron que sacar por una ventana que daba a la plaza para que pudiese ser bautizado en la Iglesia de San Pablo, ya que si salía por la puerta de palacio, no le correspondía esa iglesia como lugar de bautizo. Hoy puede verse en esa ventana una cadena que cuelga de la reja.


Puede pasarse a su interior para ver su bello patio con un pozo en el centro. En la actualidad es sede de la Diputación Provincial.





Continuamos por la calle Cadenas de San Gregorio y entramos en el Palacio de Villena, que forma parte del Museo Nacional de Escultura y es donde se encuentra de forma permanente un espectacular Belén Napolitano que una familia vendió no hace muchos años al estado por 600.000 €. Merece la pena su visita, además es gratuita.


Justo enfrente se encuentra el colegio de San Gregorio, que fue construido entre 1484 y 1496 a iniciativa de Fray Alonso de Burgos como un centro de enseñanza de teología.
En él destaca su impresionante portada, ricamente decorada con motivos heráldicos y escenas simbólicas. Al igual que la fachada de la iglesia de San Pablo, también es de estilo gótico isabelino.


Otra de las joyas del edificio es su patio, formado por un claustro de dos pisos con arcos sobre columnas helicoidales en el piso inferior y una espectacular galería superior de ventanales calados con una decoración muy rica. Ambos pisos están conectados por una escalera gótico-renacentista con artesonados mudéjares.





El Museo Nacional de Escultura es enorme, está dividido en diferentes salas cada una de las cuales alberga un conjunto de esculturas. No queríamos dedicarle mucho tiempo y además se acercaba la hora del cierre, así que deambulamos un poco por sus salas viendo alguna de las esculturas más famosas, entre las que destacan una Piedad, un Cristo yacente y una María Magdalena.


De camino hacia la zona de la Plaza Mayor pasamos por la Iglesia de San Martín, uno de los templos más antiguos de la ciudad. Su dorado retablo está formado por seis columnas salomónicas.
También en su interior se puede ver una talla de la Quinta Angustia del escultor Gregorio Fernández.




En la misma plaza empezamos con nuestra particular "ruta de la tapa", allí se encuentra la Venta del Fraile, así que pasamos, observamos un poco qué era lo que más pedía la gente y nos decantamos por unas "picardías", que eran unas bolitas de patata fritas con una salsa alioli bastante buena. En el mismo lugar había otras tapas como "capricho de monja" y otras con nombres parecidos....

Nos vamos hacia la Plaza Mayor, pero antes y un poco siguiendo a la gente, nos vamos hasta el Monasterio de San Benito el Real, donde están reunidas gran parte de las cofradías de la Semana Santa de Valladolid.
El monasterio fue fundado a finales del siglo XIV y en poco tiempo se convirtió en el convento benedictino más importante de España.





Continuamos nuestro camino hacia los alrededores de la Plaza Mayor, había algunos lugares de tapas que queríamos probar, así que el siguiente en parar fue  Jero, situado en la Calle Correos número 11. Ya desde la puerta te das cuenta de que el lugar tiene que ser especial por la cantidad de gente que hay, nos hacemos un hueco y pedimos alguna de sus exquisitas tapas, dicen que es la taberna de pinchos más famosa de la ciudad, y razón no les falta. Pedimos varios a cual más rico, pero uno que llevaba bacalao, langostino y boletus lo recuerdo como el mejor.....




Nuestra siguiente parada en El Corcho, en la calle Correos 2, donde nos llama la atención que todo el mundo está comiendo ¡¡¡croquetas!!! A los dos nos encantan las croquetas, y además también nos gustan mucho las tajadas de bacalao, ambas cosas son la especialidad de la casa. Así que un par de vinitos, unas croquetas y un par de tajadas de bacalao para continuar tapeando.



Ahora tocaba uno de los más recomendados, Los Zagales, calle de la Pasión 13, junto a la Plaza Mayor, donde las tapas además de ricas son espectaculares en cuanto a la presentación. En sus paredes cuelgan varios premios nacionales de pinchos y tapas, así como el "Pincho de Oro de 2009" por el pincho denominado Obama en la Casa Blanca, pedimos uno y está exquisito, no sólo por su presentación que me parece de 10, si no por el conjunto de sabores y la textura.

Otro  de los pinchos estrella de este lugar es el Tigretostón elaborado con pan negro frito, crema de queso y morcilla y presentado como el típico pastelito al que recuerda su nombre.... Estaba muy bueno. Lo acompañamos con un vino que anunciaban como vino del mes, el Tarsus.



Ya bastantes llenos dimos por finalizada nuestra particular ruta de la tapa y nos acercamos hasta la cercana Plaza Mayor a sentarnos un rato y disfrutar de la misma. Allí se encuentra el edificio del Ayuntamiento de la ciudad y el Teatro Zorrilla.





Por la calle Santiago llegamos hasta la plaza de Zorrilla, donde se encuentra la estatua del escritor vallisoletano. Al lado de la plaza se alza la Academia de Caballería.






Y nos adentramos en una de las zonas ajardinadas más grandes de la ciudad, el Campo Grande, construido como parque en el siglo XIX, con grandes avenidas, estatuas y zonas donde sentarse a descansar y disfrutar del paisaje y de los pavos reales que allí viven.



Salimos del parque y nos vamos hasta la cercana plaza de Colón, donde se encuentra el monumento del descubridor.


Volvemos por la acera de Recoletos, una calle llena de preciosos edificios y considerada como una de las más elegantes de la ciudad.





Es hora de dar por finalizada nuestra visita a la ciudad, aunque sabemos que no será la única visita porque es una ciudad que da para mucho más y sobre todo para volver a recorrer esos lugares donde degustar las exquisitas tapas.
Volveremos!!!

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