jueves, 21 de enero de 2016

El Castillo de Haut-Koenigsbourg

Erigido en el siglo XII sobre una colina rocosa se encuentra este castillo de nombre casi impronunciable para nosotros. El lugar donde se encuentra ubicado, fue un enclave esencial para controlar la ruta comercial que cruzaba rumbo a los Alpes o a los puertos franceses de la costa atlántica. 
Su visita es una vuelta a la Edad Media en toda regla, salas decoradas con mobiliario de la época, puente levadizo, torreones de cuento y, sobre todo, unas vistas espectaculares que se pueden obtener desde sus miradores.




El castillo abre sus puertas para visitarlo a las 9,30 de la mañana, recomiendo no llegar muy tarde, pues las plazas de aparcamiento gratuitas se agotan enseguida. Nosotros tuvimos bastante suerte y pudimos dejar el coche bastante cerca y continuar caminado un corto trayecto hasta la entrada principal, ya en ese momento te vas dando cuenta de la grandeza del lugar y de lo que te puede esperar tras esos muros. 
El precio de la entrada son 9 € y el recorrido se hace por libre, a través de las diferentes plantas y habitaciones, aunque también existe la posibilidad de hacerlo en un grupo con guía, pero nosotros no somos de hacer ese tipo de visitas, preferimos hacerlo por libre e ir leyendo la información que encontramos en las diferentes salas. 




En su interior hay diferentes salas donde puedes conocer, a través de paneles ilustrativos, la historia del lugar, el cual fue destruido por los suecos en 1633  durante la Guerra de los Treinta Años, quedando abandonado durante 200 años, hasta que en 1899, Guillermo II de Hohenzollern, último emperador de Alemania y rey de Prusia, ordena su reconstrucción para convertirlo en museo y así convertirse en un símbolo de recuperación de la Alsacia por parte de Alemania. Es a partir del Tratado de Versalles, en 1919, cuando Francia recupera el poder de los bienes de la corona alemana y con ellos el castillo.


Después de pasar un gran patio, accedes por una pequeña puerta donde tienes que mostrar el ticket de entrada y justo a la izquierda se encuentra un antiguo pozo al que puedes asomarte y casi no ver el final.


En  muchas de las habitaciones del castillo, además de mobiliario propio de una alcoba o comedor, hay grandes y preciosas estufas de porcelana que calentaban los aposentos reales. 



Tras el paso por diferentes salas, llegamos hasta un gran patio interior donde se puede ver alguna muestra de artilugios medievales. 



Atravesando un puente levadizo llegamos a la zona que más nos gustó de todo el Castillo, el Gran Bastión, un edificio defensivo flanqueado por dos torres.  En esta zona se pueden ver diferentes objetos relacionados con la defensa del Palacio.



Pero los cañones no son  lo más interesante para nosotros, es más destacable las espectaculares vistas que se obtienen desde sus ventanas, además tuvimos suerte y hacía buen día, un día con bastante visibilidad que permitía ver, a lo lejos y no tan lejos,  algunos pueblecitos de la zona.







Descendemos por una de las torres y llegamos hasta una zona donde había instalado un pequeño mercadillo medieval-navideño, algunas casetas de madera en las que vendían productos típicos y también alguna zona de demostración de oficios de antes.
Aprovechamos para hacer un alto en el camino y tomarnos un vino caliente, en mi caso, y un zumo de manzana caliente, en el caso de Diego, así como una rebanada de pan de especias que estaba buenísimo.


A través de una gran puerta de madera, volvemos al patio donde comenzamos la visita, allí hay una tienda donde, si te interesa,  puedes adquirir algún producto relacionado con el castillo y con la zona.

Encantados con la visita nos vamos hacia la zona de aparcamiento, pero a la vez vamos disfrutando de unas vistas espectaculares!!!


Es invierno y el sol sube muy poco por estas latitudes.....
Ya en nuestro coche ponemos rumbo a la ciudad de Estrasburgo, capital de la Alsacia, ciudad en la que hablaré en el siguiente post!!!



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