domingo, 13 de diciembre de 2015

Llegada a Frankfurt en un vuelo de primera

A veces las cosas pueden salir muy bien, en este caso ocurrió. Viajábamos a Alemania para pasar unos días disfrutando de los tradicionales mercadillos de Navidad, en esa ocasión habíamos elegido la compañía Lan Chile  para nuestro vuelo con destino Frankfurtl. Es un vuelo en el que hemos volado ya en varias ocasiones, el avión sale de Santiago de Chile con destino a la ciudad Alemana, per hace parada en Madrid que es donde nosotros nos subimos, hasta ahí todo normal. La noche antes del vuelo, bueno mejor dicho la madrugada porque eran las 3 de la mañana, suena el teléfono, podéis imaginar el sobresalto cuando suena un teléfono a esas horas, eran de la compañía informando que el vuelo había salido con tres horas de retraso y que por tanto nuestro vuelo desde Madrid se retrasaba. Contando con ello, llegamos al aeropuerto más tarde y cuando vamos a facturar nos dicen que por los inconvenientes que nos han causado nos ofrecen volar en primera clase de forma gratuita, BIENNNN!!! Volar en primera clase en uno de esos aviones es una pasada. Nada más entrar nos recogieron los abrigos y nos ofrecieron algo para picar, así como una copa de vino, zumos, etc. El asiento disponía de un mando a distancia para moverlo en diferentes posiciones, vamos una gozada. Nos sirvieron comida y bebida, diferente a la que estamos acostumbrados que nos pongan en la clase turista, jejejej. Gracias LAN por darnos la oportunidad de viajar en primera clase!!!

Tras esta grata experiencia, llegamos al aeropuerto de Frankfurt donde recogimos el coche de alquiler que teníamos reservado y, sin perder más tiempo, pusimos rumbo a nuestro primer destino, Bad Hersfeld, un pueblo en la región de Hesse donde pudimos disfrutar de nuestro primer mercadillo del viaje. Llegamos ya de noche y fuimos a buscar algo para cenar, unas salchichas y una taza del típico Glühwein no estuvieron nada mal para una primera toma de contacto.
El Glühwein es una bebida caliente muy típica de Europa Central que se prepara para estas fechas, se compone principalmente de vino al que se le añaden diferentes especias como la canela, clavo, jenjibre,  nuez moscada, cáscara de naranja y limón, azúcar...... El olor que desprende inunda todo el mercadillo, es un olor que a mi me encanta, me huele a Navidad. 








El hotel  que elegimos para pasar la primera noche fue el Landgsthof Hotel Hess, una encantadora casa de entramado de madera enorme, con unas habitaciones con mobiliario de madera decoradas con mucho gusto. Un gran árbol de Navidad adornaba el vestíbulo y otros artículos navideños estaban repartidos por las distintas dependencias.


A la mañana siguiente, tras un rico desayuno, partimos hacia Weimar,  ciudad de los poetas y pensadores, como Goethe y Listz. Weimar ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, tanto por su obra del movimiento Bauhaus, como por su conjunto de edificios clásicos.






Es una ciudad también ligada al compositor Johann Sebastian Bach, uno de nuestros preferidos. En 1703, Bach logró un puesto como músico de la corte en la capilla del duque Johann Ernst III en la ciudad de Weimar. No está claro cuál fue su papel allí, lo que si queda claro es que tras su estancia de siete meses en esta ciudad, su reputación como organista se extendió, y le dió la oportunidad de trabajar en otros lugares.


Como en la mayor parte de las ciudades alemanas, Weimar también tenía su mercadillo de Navidad.





Desde Weimar nos fuimos a Erfurt, una de las grandes ciudades medievales de Alemania. Es una ciudad preciosa en la que vivieron personajes como Lutero, que estudió en su universidad, Bach, que tocó en varias de sus iglesias, o Goethe, que pasó en ella largas temporadas.
El monumento más importante de Erfurt es su imponente catedral gótica de Santa María. Justo delante de la catedral hay instalado un enorme mercadillo de Navidad y junto a él una noria a la que no nos resistimos a subir. Desde luego que las vistas desde arriba no podían ser mejores, ver el ambiente, los tejaditos verdes de los puestos del mercadillo y parte de la ciudad, desde luego que mereció la pena.








Erfurt es una ciudad preciosa para pasear, además en cada plaza puedes encontrar un mercadillo de Navidad diferente, donde además de comprar algún adorno navideño, puedes degustar ricos productos típicos.





Uno de los sitios más bonitos de la ciudad es el Krämerbrücke, el puente sobre el río Gera que recuerda al puente viejo de Florencia por los comercios que hay en su interior. En 1125 ya existía en el mismo lugar un puente de madera que posteriormente se reconstruyó de piedra. Los Krämer, que dan nombre al puente, eran pequeños comerciantes que construyeron casas a ambos lados del mismo para guardan la mercancía que ofrecían, hoy se han convertido en pequeñas tiendas de souvenirs y algún encantador restaurante.







Seguimos paseando por su precioso centro medieval disfrutando del ambiente que hay en la calle, a pesar de hacer bastante frío, es sorprendente la cantidad de gente que hay, para los habitantes de estas ciudades, los mercadillos de Navidad son un buen lugar para ir con la familia, encontrarse con amigos y tomar juntos un vino caliente especiado.






En esta época del año anochece muy pronto, la ciudad empieza a iluminarse y el mercadillo resulta mucho más encantador si cabe, así que aprovechamos este momento para irnos al mercadillo que se encuentra instalado delante de la catedral para buscar algún recuerdo para nuestro árbol.










Para cenar elegimos un encantador restaurante situado en una típica casa de entramado de madera situada en el inicio del Krämerbrücke. Unas cervecitas alemanas y unos platos de la gastronomía regional fueron la mejor manera de terminar el día.


Y tras esta contundente cena nos fuimos a descansar a nuestro hotel.

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