jueves, 3 de diciembre de 2015

B&B Strand Nära, un alojamiento que deja huella

Llegamos a la isla de Öland antes del atardecer. Esta isla se encuentra enfrente de la región de Smaland, en la costa este, y ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por su paisaje agrícola principalmente. También es un destino popular para disfrutar de las playas bañadas por el mar Báltico, aunque ya en septiembre ese turismo playero había desaparecido, pues ya las temperaturas habían empezado a descender. 
Antes de ir a nuestro alojamiento del que hablaré a continuación, y para aprovechar la luz que quedaba, fuimos a ver el atardecer y a disfrutar de los bellísimos paisajes propios de esta isla. Molinos de viento de madera y piedras pertenecientes a antiguos yacimientos salpican las praderas y forman una bellísima estampa. Estos viejos molinos de madera son símbolos de riqueza y poder de mediados del s. XVIII, cuando eran imprescindibles para el que quería labrarse un futuro próspero. 








Llegamos hasta el punto más al sur de la isla, donde se encuentra el faro de Ottenby y una Reserva Natural de aves que hace las delicias de los amantes de la ornitología, además desde allí pudimos disfrutar de unas maravillosas vistas del mar Báltico, mejor dicho, del frío mar Báltico, porque sí, para nosotros es tradición tocar el agua, y ésta estaba fresquita de verdad para las fechas que eran. 






Y ya por fin llegamos a nuestro alojamiento para esa noche, el B&B Strand Nära, un alojamiento de los que dejan huella, o al menos eso sentimos nosotros. Se trata de una típica casa de madera situada en la localidad de Mörbylanga, con varias habitaciones y con baños compartidos, dicho así no resulta encantador ni especial, pero su interior es especial, su dueña encantadora y cada detalle hace que te sientas en un lugar único. La noche que nosotros nos alojamos no había más huéspedes en la casa, por lo tanto pasamos de haber reservado una habitación con baño compartido, a tener más de un baño para cada uno!!!! Nuestra habitación estaba en la planta primera y era muy, muy acogedora. Cada rincón de la casa estaba decorado por la dueña, con un encanto difícil de superar, creo que desde entonces me apasiona la decoración nórdica, las velas, las maderas blancas..... En la planta baja, junto a un gran salón donde se sirve cada mañana el desayuno, había una pequeña tienda con productos típicos y otras delicatessen, me hubiese llevado un producto de cada de todo lo que contenían esas estanterías, en realidad algo vino con nosotros. 









Aguas con sabor a frutas rojas, zumo recién exprimido, embutidos, panes recién horneados, de verdad que no podíamos imaginar un desayuno mejor, de 10. Disfrutamos mucho fotografiando cada rincón y cada detalle, creo que la dueña se sentía muy orgullosa de tanto que halagamos aquel lugar, si algún día volvemos por la zona, sin duda nos alojaremos allí. 




Con cierta pena dejamos el Strand Nära para continuar con nuestra ruta. Dedicamos gran parte de la mañana a visitar el sur de la isla de día y poder disfrutar del paisaje que bien le ha valido la declaración de Patrimonio de la Humanidad. 
Cada año, en la semana 39 se celebra la fiesta de la cosecha, a la que por cierto no llegamos por poco, donde los granjeros venden sus productos especialmente las calabazas, producto por el que también es famosa la isla de Öland. Aunque la fiesta se celebró después de nuestra visita, pudimos ver en varios sitios calabazas, a la venta o simplemente decorando la entrada de una casa.



Uno de los lugares más visitados de esta isla es el Fuerte de Eketorp, un fuerte de la Edad de Hierro ampliado durante la Edad Media y reconstruido en nuestros días. Ha servido de lugar de defensa y también de hogar para el ganado, hoy es un sitio turístico en el que el visitante puede hacerse una idea de la forma de vida de quien habitaba ese lugar. En su interior puedes encontrarte con personas vestidas de aquella época que hacen las veces de mercaderes, artesanos, etc., e incluso en algunas épocas del año realizan auténticas batallas medievales.










Nos dirigimos hacia el norte por la única carretera de la isla, por su zona oeste, nos encontramos con un encantador puerto de pescadores con sus casas de madera color rojo y alguno de sus barcos atracados, conformando un paisaje típico de esta zona de la isla. 






Y desde aquí volvemos a cruzar el puente de más de 6 kilómetros que une la isla, que es la segunda más grande del país, con la región de Kalmar. Aún nos quedaban un par de días por esa zona de Suecia en la que descubriríamos ciudades preciosas, pueblos encantadores, mercados y momentos que no olvidaremos en la vida. 

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