domingo, 1 de noviembre de 2015

Zillertal, otro precioso valle del Tirol

Hoy tocaba desplazarnos hasta otra zona del Tirol, al Valle del Ziller, con pueblecitos de postal, de esos que te vienen a la cabeza cuando piensas en imágenes de esta zona encajonada entre los Alpes. Despertamos en Fulpmes, en nuestra particular casa austríaca y nos asomamos a la terraza para disfrutar un rato de las vistas que teníamos, el día parecía estar bueno, al menos no nevaba ni llovía.








Desayunamos en el hotel y pusimos rumbo al valle del Ziller, pero antes paramos en Mutters un tranquilo pueblecito con la mismas características que otros que ya habíamos visitado, conjunto de casas típicas, una iglesia con puntiaguda torre y al lado un coqueto cementerio. Dimos un paseo por sus calles y pasamos a visitar la iglesia y el cementerio.



Y tras esta breve visita ponemos rumbo a otro encantador pueblo, Mayrhofen, gracias a sus estaciones de esquí es un lugar muy frecuentado durante el invierno. Cuando nosotros estuvimos, a mediados de diciembre de 2014, aún no había nevado mucho y el turismo de esquí aún no había hecho acto de presencia, con lo que los lugares que visitamos estaban bastante tranquilos, eso nos vino bien a la hora de elegir alojamiento e incluso de buscar lugares para comer.











Continuamos hasta Zell am Ziller, una villa rural que también cuenta con importantes estaciones de esquí. Su iglesia, la Pfarrkirche, de color blanco y rosa, destaca sobre todo el pueblo y está rodeada de cruces ricamente decoradas.


Para llegar a nuestro siguiente destino el GPS nos manda por una carretera, por llamarlo de alguna manera, de montaña, en algunos tramos cruzábamos los dedos para que no viniese ningún vehículo de frente, menos mal que tuvimos suerte y nadie más pensó en circular por allí en ese momento. Era más bien un camino rural que atravesaba incluso alguna granja, la verdad es que el paisaje era precioso, pero no podíamos disfrutarlo mucho ya que había que ir muy pendiente del trazado y de los baches que íbamos encontrando, al menos pasamos un rato divertido insultando a nuestro GPS. Después nos dimos cuenta que era una ruta alternativa, pero había una carretera mejor que llevaba hasta Alpbach, reconocido en muchos lugares como uno de los pueblos más bonitos de Austria, y razón no les falta. En verano sus balcones lucen espléndidos llenos de flores, en diciembre no hay flores, pero el paisaje es igualmente espectacular. Se encuentra en la región de Alpbachtal, dentro de los Alpes de Kitzbühel y cuenta con una estación de esquí dentro del mismo pueblo, vamos que puedes salir con los esquis puestos desde casa.
Antes de que se hiciera tarde y dado que no había mucha gente visitando el pueblo ese día, decidimos ir a comer. Encontramos un restaurante que también ofrecía alojamiento, el Hotel Alpbacherhof, donde comimos un menú exquisito.








Después de comer nos acercamos hasta la pista de esquí, desde donde hay una bonita vista de la iglesia y de parte del pueblo.








En nuestro camino paramos en Rattenberg, ciudad famosa por la fabricación de objetos de cristal, de hecho vimos, a través de los escaparates de las tiendas, a varios artesanos trabajando con el fuego y alguna pieza de cristal.
Un paseo por sus calles te hace sentir como si estuvieses en plena Edad Media, de hecho, cuando empezó a anochecer, un señor vestido con capa y sombrero, fue encendiendo los candiles de la calle principal y aledañas con una larga vara que prendía de un candil.













Ya de noche y después de dar bastantes vueltas porque no encontrábamos la manera de acceder, llegamos a nuestro último alojamiento, en Reith bei Kitzbühel, hotel zimmermann, una gran casa de estilo tirolés con unas vistas espectaculares. Una vez que habíamos dejado nuestras cosas en la habitación, nos fuimos a cenar al Kitzbühel, un pueblo medieval con un encanto especial que veríamos bien al día siguiente con luz, aún así, de noche y con muy poca iluminación,  también tenía su punto.





Cenamos en uno de los restaurantes del pueblo que encontramos abierto, la verdad es que en día de diario no hay mucha actividad, pero no sé si sería por ser de los pocos que ofrecían cena, el caso es que estaba lleno.


Después de la cena nos fuimos a nuestro hotel a descansar!!!


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