jueves, 5 de noviembre de 2015

Marburg, nuestro inicio de Ruta de los cuentos

Este viaje lo realizamos en septiembre de 2013, en realidad el motivo principal era por trabajo de Diego, pero, aprovechando que esa zona no la conocíamos,  juntamos unos días más para hacer parte de la fantástica ruta que voy a contar aquí, se trata de la Ruta de los Cuentos de los Hermanos Grimm, una ruta que transcurre por pueblecitos de cuento (nunca mejor dicho), con casas de entramado de madera, bosques, castillos y paisajes que inspiraron a los famosos Hermanos Grimm mientras escribían y recopilaban inolvidables cuentos infantiles como Caperucita Roja, Blancanieves, la Bella Durmiente, Cenicienta, etc.




Los autores de estos cuentos nacieron en Hanau, donde comienza la ruta de los cuentos, y permanecieron toda su vida en diferentes puntos de la región de Hesse, zona de Alemania donde se integra esta ruta. Estudiaron en la universidad de Marburg y en Kassel ejercieron sus carreras de bibliotecarios y lingüistas, publicaron sus historias hace nada más y nada menos que 200 años, pero no hay nadie que no se haya dormido alguna vez escuchando un cuento suyo.

Volamos a Frankfurt y allí recogimos nuestro coche que habíamos reservado con la compañía rentalcars, ya he hablado en alguna otra ocasión de lo bien que funcionan, por eso yo lo recomiendo totalmente. Una vez con los datos en el GPS, ponemos rumbo a nuestro primer destino, Marburg.
Marburg es una preciosa ciudad universitaria, con una de las universidades más importantes del país. Tiene un conjunto medieval espectacular, con iglesias, castillo..., vamos que no le falta de nada para convertirse en una de las ciudades con más encanto de las que hemos visitado por Alemania. 

Llegamos ya de noche y fuimos a instalarnos a nuestro alojamiento para los próximos dos días, el hotel Marburger Hof,  situado muy cerca del Altstad, el centro histórico medieval,  y con habitaciones muy cómodas, Enseguida salimos a recorrer las calles del centro y a buscar un sitio para cenar. Encontramos uno de esos lugares que nos encantan a los dos, una típica cervecería alemana con toda la decoración de madera, con cerveza de trigo rica y con una gastronomía todavía más rica, sí, me declaro fan incondicional de la gastronomía alemana, sobre todo de los codillos, pero también de las salchichas. 



Tras despertarnos fuimos a desayunar y mientras Diego acudía a la universidad para cumplir con las obligaciones que nos habían llevado hasta allí, yo hacía una intensa visita por el centro medieval de Marburg, disfrutando de cada rincón. Es una ciudad muy, muy fotogénica, plazas monísimas, fachadas de entramado espectaculares, tiendas súper cucas y sobre todo, siendo una ciudad universitaria, había bicicletas por todas partes!!!! Lo mío es un poco ya para hacérmelo mirar, yo lo reconozco, pero me encantan las bicicletas y no puedo resistirme a hacerles fotos, tampoco a cualquier bicicleta, sólo a las que me parecen bonitas y suelen ser modelos antiguos casi siempre.







La ciudad está claramente dividida en dos zonas, la zona alta donde se encuentra el casco histórico, y una zona baja por donde pasa el río y donde se encuentra el resto de la ciudad, incluida la universidad.


Pero volvamos a la parte alta de la ciudad que sin duda es la más encantadora. 


En la Marktplatz, plaza del mercado, hay una fuente de piedra dedicada a San Jorge. Allí también se encuentra el precioso edificio del Rathaus, ayuntamiento, un edificio de estilo gótico que data de1524.





La iglesia más importante de la ciudad es la Elisabethkirche, Iglesia de Santa Isabel, una iglesia gótica del s. XIII dedicada a esta Santa. Tiene numerosas obras de arte entre las que destaca el relicario de Santa Isabel, gracias a él, en la Edad Media se convirtió en un importante centro de peregrinación.



Seguimos paseando por la ciudad, entramos a algunas de sus encantadoras tiendas, recuerdo una muy curiosa en la que vendían solamente cepillos, eso sí, cepillos de todas las clases, para el pelo, para la ropa, para limpieza de radiadores, para mascotas..... un montón de tipos diferentes y con calidades para todos los gustos. 

También había muchas tiendas dedicadas a la venta de libros, sobre todo a todo lo relacionado con los cuentos de los Hermanos Grimm.





No es la primera vez que veíamos en una ciudad alemana unas chapas doradas en la puerta de alguna casa, son casas en las que había vivido algún judío, en la chapa aparece un nombre y la fecha en la que fue enviado al campo de concentración, en su mayor parte allí perdieron la vida.







Fuimos a cenar unos sandwiches a un sitio cercano al hotel y enseguida nos fuimos a descansar, al día siguiente tocaba trasladarnos de ciudad!!!

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