domingo, 4 de octubre de 2015

Monument Valley, en el más puro oeste

En Estados Unidos es muy frecuente tener que recorrer grandes distancias para ir de un lugar a otro, recorrimos alguna de esas interminables carreteras que parecen no tener fin, en la que en algunos momentos crees que te has equivocado de ruta pues no te cruzas con nadie en bastantes millas. El entorno empieza a cambiar, entramos en el estado de Utah y poco a poco empezamos a ver grandes monolitos de piedra rojiza que hacen típico este lugar.













Al final llegamos a ver el atardecer en uno de los lugares más emblemáticos del oeste de Estados Unidos, Monument Valley. La imagen más reconocible  de este lugar lo forman tres monolitos de piedra rojiza conocidos como el East y West Mittens y el Merrick Butte y os puedo asegurar que son mucho más grandes que lo que te puedes imaginar al ver fotografías. 
El atardecer fue espectacular, pudimos ver cómo las piedras iban cambiando de tonalidad a medida que el sol iba bajando hasta llegar a esconderse por el horizonte.





Nos alojamos en el único hotel que hay dentro del Parque de Monument Valley, "The View Hotel", integrado bastante bien en el paisaje y con terrazas desde las que obtienes unas vistas espectaculares de los tres monolitos principales del parque, desde luego que merece la pena pagar el elevado precio de sus habitaciones, salir por la noche, con total oscuridad y ver millones de estrellas es algo que nos arrancará una sonrisa cada vez que venga a nuestro recuerdo.Allí no hay mucho donde elegir, así que cenamos en el restaurante del hotel, comida mexicana bastante aceptable.





En una de las paredes del hotel estaban proyectando una película del género western, la verdad es que no podía haber un lugar más apropiado para verla.



Tras un rato en la terraza de nuestra habitación viendo las estrellas, nos fuimos a dormir y que queríamos despertarnos muy pronto para ver el amanecer, el sol sale entre los monolitos y el espectáculo estaba más que asegurado.
A las 5.30 de la mañana suena el despertador y salimos a la terraza para ver uno de los amaneceres más bonitos de los que podamos imaginar, tenemos frente a nosotros un paisaje espectacular, con los tres monolitos como protagonistas y una luz preciosa que poco a poco va asomando por el horizonte.













Después de ver amanecer nos pusimos en marcha pues hoy también nos esperaba un largo camino por delante y muchas visitas emocionantes. 
Lo primero que hicimos fue recorrer la ruta de 17 millas a través de los monolitos para ver Monument Valley en todo su esplendor. Este parque no se puede visitar con la tarjeta anual de parques nacionales, hay que pagarlo a parte pues es propiedad de los indios navajos.
Nosotros llevábamos un coche 4x4 y no tuvimos dificultad para recorrerlo, pero vimos a algún vehículo con serias dificultades, por lo que si se desea visitar este parque, que yo creo que es imprescindible, hay que tenerlo en cuenta a la hora de alquilar un coche.








Puedes ir parando en distintos lugares para hacer fotos o simplemente para admirar el paisaje, también en algunas zonas se puede parar para ver los puestos de artesanía de los indios navajos.

















Desde algunas zonas del recorrido puede verse el hotel, aunque está bastante integrado con el paisaje y no han creado una gran mole impactante, el hotel tiene sus detractores que opinan que nunca tenía que haberse construido allí.


Continuamos con nuestra ruta prevista y nos vamos hasta la carretera que lleva a la localidad de Mexican Hat, donde se encuentra la famosa milla 13, famosa por que fue donde Forrest Gump dejó de correr, es una de mis películas favoritas y todo lo que tiene que ver con ella me gusta, o mejor dicho, me llama la atención. A parte de llegar hasta aquí por esto, hay que reconocer que también hay unas vistas muy bonitas de Monument Valley.






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