domingo, 25 de octubre de 2015

Una Ruta por el Tirol austríaco. Llegada a Innsbruck

Cada año nos gusta hacer una escapada de invierno por Europa a alguna zona con pueblecitos con encanto para disfrutar del ambiente de los mercadillos de Navidad. En diciembre de 2014 la zona elegida fue el Tirol austríaco y la verdad es que nos encantó, el tiempo fue buenísimo, los pueblecitos que visitamos eran como de postal e incluso tuvimos la oportunidad de subir a un glaciar con nieves perpetuas con impresionantes pistas para esquiar, nosotros sólo fuimos de visitantes, pero debe ser una gozada deslizarse por esas laderas disfrutando del paisaje. Pero vamos poco a poco. Llegamos al aeropuerto de Munich, es quizás la mejor opción para visitar esta zona, ya que puedes conseguir un vuelo directo a buen precio, además alquilar un coche en Alemania siempre es más económico que en los países limítrofes. Nosotros siempre lo reservamos con rentalcars y la verdad es que hasta ahora, y hemos reservado unos cuantos, nos ha funcionado siempre muy bien. Munich está a unos 160 kilómetros de Innsbruck y las carreteras son muy buenas.
Salimos del aeropuerto de Munich hacia nuestro destino principal de este viaje, Innsbruck, la capital del Tirol, una ciudad bañada por el río Inn, con un casco antiguo medieval ideal para pasear y para buscar uno de sus numerosos restaurantes para degustar un plato típico de la gastronomía austríaca. 
Antes de llegar al Innsbruck paramos en Hall in Tirol, una auténtica joya medieval a la sombra de los Alpes. Además de dar un paseo por sus adoquinadas calles, allí vimos nuestro primer mercadillo de navidad del viaje y aprovechamos para comer en uno de sus restaurantes.



Aunque era un poco tarde para la hora en que se come en esta zona, encontramos un buen restaurante en el que nos atendieron de maravilla. Tomamos una sopa caliente que nos reconfortó y otros platos típicos exquisitos, entre ellos el famoso schnitzel, un filete de carne (que puede ser de ternera o cerdo) cortado muy fino y con un crujiente empanado.


Después de comer dedicamos un rato al ver el mercadillo que se encontraba en la plaza principal, un conjunto de casetas de madera en la que vendían no sólo artículos navideños, si no también artesanía y algún producto de alimentación típico dela zona. Aprovechamos para tomarnos un glühwein, un vino caliente especiado típico de estos mercadillos, además casi se está convirtiendo en una tradición traernos a casa una de estas tazas tan bonitas en las que lo sirven, cuando lo pides normalmente cobran un depósito por la taza, así que si quieres te la puedes llevar y no recuperas el depósito. 


Muy cerca de la plaza principal se encuentra el ayuntamiento del s. XV con sus blasones de mosaicos y un gran patio delante.


Enfrente del ayuntamiento se encuentra la iglesia parroquial, Pfarrkirche, construida en el s. XIII con un interior que alberga una curiosidad, una macabra colección de 45 calaveras y otros huesos que se encuentran sobre cojines y con una especie de corona de espinas, la verdad es que la imagen no es que sea encantadora para nada, pero es curiosa y muy conocida en el pueblo. 



Nos ponemos en marcha para llegar hasta nuestro alojamiento en Innsbruck, bueno en realidad se encontraba a 5 kilómetros,  en la cercana localidad de Rum, el hotel es el Huberhof y está en una típica casona de madera estilo austríaco, desde allí había muy buenas vistas de las montañas. Al menos que se quiera gastar mucho dinero en alojamiento, no merece la pena estar en el centro de Innsbruck, ya que en esas fechas el precio de los hoteles es muy alto. 


Una vez que ya teníamos nuestra habitación para los próximos dos días asignada, dejamos allí nuestras cosas y nos vamos al centro de Innsbruck. 
En esta época del año anochece muy pronto, así que cuando llegamos ya era de noche, aún así dimos un buen paseo por el centro, vimos alguno de sus mercadillos, un baile tradicional, cenamos en un puesto unas típicas salchichas y nos hicimos una idea de lo que nos esperaba al día siguiente, Innsbruck es una ciudad preciosa!!!







Ya agotados después del intenso día, nos retiramos a descansar a nuestra morada en las montañas, jejeje.

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