sábado, 25 de julio de 2015

Cuba

Durante estos días estamos asistiendo a un hecho histórico, el diálogo y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre dos países, Estados Unidos y Cuba. La relación entre estos dos países siempre han sido un tira y afloja, pero fue después de la Revolución cubana en 1959 cuando estas relaciones se deterioraron por completo, dando comienzo la ruptura de relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Cuba y el conocido embargo, en el que se prohibía cualquier relación comercial de empresas estadounidenses con el país caribeño.
Pero esto no es un blog en que venga a hablar sólo de historia, también estos días, viendo las noticias de este acontecimiento, he recordado nuestro viaje a Cuba en el verano de 2012.
Cuba es un país fascinante, nosotros tuvimos la oportunidad de conocer La Habana, ciudades como Trinidad y Cienfuegos y pasar unos días de relax en sus espectaculares playas.

La Habana no deja indiferente a nadie, eso seguro. Es una ciudad en la que la decadencia de sus construcciones la hace a la vez encantadora, en la que se puede disfrutar de lugares míticos como "La Bodeguita del Medio",y tomarse uno, o varios, de sus famosos mojitos, o el "Floridita" tomarte un daiquiri y hacerte una foto con Hemingway, porque sí, él también estuvo en Cuba.  Puedes pasear por plazas cargadas de historia, callejear y descubrir rincones que no te cansas de fotografiar.













Merece la pena ir a alguno de los restaurantes más recomendados, además de descubrir tus propios lugares donde saciar el apetito. Nosotros estuvimos en dos de los más afamados y recomendados en foros y guías de viaje,  en Los Nardos, dentro de la Sociedad Asturiana, en los soportales enfrente del Capitolio, y en El Patio en la misma plaza de la catedral, dos lugares diferentes donde degustar la típica gastronomía cubana, una fusión de cocina española, africana y caribeña.



Una de las cosas que más llama la atención cuando llegas a la Habana son sus coches, vehículos  de los años 60 que aún siguen circulando por sus calles, algunos son chatarras con ruedas, pero otros están tan bien cuidados que sus dueños ofrecen, a un precio abusivo eso sí, un paseo a bordo, es como hacer un viaje al pasado y eso se debe a sus gentes, que a pesar de sus dificultades económicas, debidas fundamentalmente al dichoso embargo, se esfuerzan por conservar estas maravillas. Forman parte del paisaje urbano y que sea así por mucho tiempo, aunque el elevado coste de su mantenimiento lo haga cada vez más complicado.


Pero si hay algo realmente espectacular en toda la isla caribeña es su gente. Como a pesar de las "regulares" condiciones de vida, son capaces de regalar una sonrisa o de entablar una conversación con cualquiera que se siente a su lado. Son carismáticos y alguno todo un personaje. 


Nosotros, como la mayoría de personas que viajan a Cuba, también llevamos cosas para regalar a los niños, unas acuarelas, lápices, bolígrafos. Aún recuerdo con mucha ternura cuando Diego regaló a un niño un bolígrafo de esos de cuatro colores y el chaval se quedó alucinado, agradeciendo con sus ojos que le hubiésemos hecho por un momento el más envidiado de la pandilla. Es verdad que ellos saben perfectamente cómo dar pena y que el reblandecer el corazón del turista, pero yo en los momentos en los que ayudé a algunas personas, me daba igual si me estaban engañando o no, simplemente comprar un cartón de leche en una tienda en la que los cubanos no podían entrar y entregárselo a una madre con su bebé en brazos, era razón suficiente, pero es verdad que hay que tener un poco de ojo y tampoco caer con todos los que se acercan contando una historia que entristece hasta al más duro. Nosotros escuchábamos y decidíamos ayudar como buenamente podíamos, en algunos casos claro está, tampoco es que fuésemos nosotros en plan misioneros.


Al atardecer la luz es especial y nada mejor que ir a ver la puesta de sol al Malecón, lugar de encuentro de familias, artistas callejeros, turistas, merece la pena dar un paseo y empaparse de su cultura, bien a través de su música, sus bailes, su pintura o simplemente observando a sus gentes.



Una buena forma de terminar un viaje por Cuba, es descansar los últimos días en sus espectaculares playas. Nosotros fuimos a Varadero, donde nos encontramos con unas playas de aguas turquesas y arena blanca como las que se muestran en los mejores catálogos de lugares paradisíacos.









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